
En un intento por dejar atrás un trágico pasado, Francesca y Pedro se han mudado a una casona apartada en el campo, donde esperan comenzar de nuevo con su bebé. Claro, el por qué la pareja habría de querer irse a meter a tan lúgubre caserón sólo se explica por las convenciones del cine de fantasmas… sobre todo porque Francesca, recién salida del siquiátrico, pareciera escuchar en los ruidos y susurros de la casa avisos de una desgracia que amenaza con repetirse.